
La Oración es de suma importancia porque es una de las armas más efectivas contra el diablo.
El diablo es muy astuto no descansa y planifica de continuo destruir al creyente. Si el creyente afloja la oración el diablo le tenderá una trampa. El apóstol Pablo nos dice en efesios 6: 12.
Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Una de las cosas que se enfatiza aquí es que no tenemos lucha contra sangre ni carne, sino contra seres espirituales de maldad. Esta lucha del enemigo no es directamente contra Dios, es una lucha del diablo en contra del hombre, el Apóstol Pedro dijo muy claramente que Satanás es nuestro adversario.
1 Pedro 5:8
Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar Satanás no es ningún adversario para Dios, él no es la contrapartida de Dios, ni es la fuerza que se opone a Dios, el no tiene ni siquiera el 1% del poder de Dios. Cuando él quiso entrar en la sala donde se encontraba el trono de Dios, inmediatamente el resplandor de la gloria de Dios lo quemo y fue arrojado del cielo. Paso de ser Luzbel a ser Belcebú, diablo o Satanás, y no es un contendiente de valor para Dios, pero es enemigo declarado del hombre.
Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar Satanás no es ningún adversario para Dios, él no es la contrapartida de Dios, ni es la fuerza que se opone a Dios, el no tiene ni siquiera el 1% del poder de Dios. Cuando él quiso entrar en la sala donde se encontraba el trono de Dios, inmediatamente el resplandor de la gloria de Dios lo quemo y fue arrojado del cielo. Paso de ser Luzbel a ser Belcebú, diablo o Satanás, y no es un contendiente de valor para Dios, pero es enemigo declarado del hombre.
Satanás odia a Dios pero ya que no puede hacerle daño a Dios, él ataca al hombre que es la imagen de Dios, él quiere hacerle daño al corazón de Dios porque Dios ama al hombre.
Si el creyente se descuida o se duerme frente al diablo, entonces este como un león le devorará.
Dios le ha dado la armadura al creyente para que pueda pelear la buena batalla y sea un vencedor. (Efesios 6 :14-17.)
Si el creyente se descuida o se duerme frente al diablo, entonces este como un león le devorará.
Dios le ha dado la armadura al creyente para que pueda pelear la buena batalla y sea un vencedor. (Efesios 6 :14-17.)
Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.
Pero para asegurar la victoria es imprescindible LA ORACIÓN en Efesios 6:18 dice “Orando en todo tiempo”. El creyente esta llamado a orar sin cesar. Cuando Pablo comienza a hablar acerca de la lucha espiritual, nos ordena buscar la fortaleza en el Señor y en el poder de su fuerza. La oración constante es la única manera en la cual el creyente puede fortalecerse espiritualmente.
La oración debe de estar presente antes, durante y después de la batalla. Sin la oración el creyente no podrá vencer.
No… contra sangre y carne dice la Palabra de Dios(Efesios 6.12) La Iglesia debe saber distinguir entre la lucha espiritual y otras de tipo social, personal o político. De otra manera, creyentes individuales y grupos de creyentes son fácilmente arrastrados a entablar batalla contra adversarios humanos, en lugar de luchar por medio de la oración contra las invisibles maniobras del infierno que están detrás de la escena.
La Palabra muestran claramente la comisión asignada a la Iglesia de participar en la batalla de la oración, de tal forma que el mal se vea obligado a retroceder, y así, adelantar la voluntad de Dios.